Fadwa MorabetPintora · Tánger
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Retratos

Vemos un rostro. Pero nunca sabemos realmente qué ocurre detrás de él. Un pensamiento. Un recuerdo. Una pregunta. Un sueño. Algo que quedó sin decir. Retratos explora esos instantes invisibles que habitan detrás de una mirada: esos mundos interiores que llevamos con nosotros mientras seguimos adelante. Los rostros aparecen blancos, casi desnudos, como si todo aquello que pudiera ocultarlos hubiera desaparecido. Sobre ellos, los signos y tatuajes de inspiración Amazigh aparecen como pequeñas huellas: memoria, protección, pertenencia, historias que atraviesan el tiempo. Entre lo que permanece en silencio y lo que deja una marca, cada retrato guarda algo que no termina de revelarse. Quizá por eso no necesitamos conocer su historia para sentir que hay una. A veces basta una mirada para que algo, sin saber por qué, nos resulte familiar.

Destino., Acrílico sobre lienzo
Destino. Acrílico sobre lienzo, 25 × 35 cm

Apoyada en su propia mano, ella piensa en lo que vendrá. Destino divide su rostro en facetas, y cada una guarda una pregunta distinta: pensar en el futuro no es un camino recto, sino un laberinto de esperanzas, miedos y sueños que se superponen

Espejos rotos, verdades enteras, Acrílico sobre lienzo
Espejos rotos, verdades enteras Acrílico sobre lienzo, 25 × 35 cm

Un espejo roto no devuelve una sola imagen, sino muchas. Espejos rotos, verdades enteras nace de esa fractura: cada fragmento guarda una verdad entera, y quizá la belleza empieza justo donde nada está intacto.

Perdida entre luces, Acrílico sobre lienzo
Perdida entre luces Acrílico sobre lienzo, 25 × 35 cm

Hay noches en que la ciudad es tan grande que una se vuelve invisible entre tantas luces. Perdida entre luces retrata a quien se siente pequeña en un lugar inmenso y descubre que eso no es debilidad, sino humildad: se puede ser pequeña y llevar sueños enormes.

Indómita, Acrílico sobre lienzo
Indómita Acrílico sobre lienzo, 25 × 35 cm

Indómita Hay miradas que no necesitan explicación. Indómita nace de una presencia que parece guardar su propia historia: segura, serena y difícil de descifrar.